Mientras conducía rumbo al lugar, Daniel preguntó con preocupación:—Señorita, ¿no teme que sea una trampa?Édgar era un hombre dado a los trucos. En varias ocasiones intentó perjudicar a Vanessa, aunque nunca lo consiguió. Por eso, Daniel no podía evitar ponerse en guardia cada vez que se trataba de Édgar.Vanessa lo pensó un momento y negó con la cabeza:—No lo creo. Ahora que sabe toda la verdad, Rafael es su única esperanza; no será tan tonto como para volver a lastimar a su hijo.Pero si Édgar recurría a hacerse la víctima esta vez, seguramente tenía algún propósito, como lograr que Rafael fuera a verlo. De todos modos, todavía quedaba algo de tiempo antes de su comida con el subsecretario Quintana, así que alcanzaría a llegar después de ver a Édgar.Al entrar al recibidor de la residencia de los Cisneros, Vanessa percibió una atmósfera fría y desolada. La casa, que en otros tiempos rebosaba de vida, ahora estaba sumida en el abandono. En la enorme sala principal solo se veían uno
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