Marta se quedó perpleja y agachó la cabeza, incómoda. Dionisio Torres, el padre de Bianca, volvió a armar escándalo y a lanzar acusaciones a gritos:—¡Miren todos! Esta bastarda ahora tiene dinero, se convirtió en una gran estrella y le importa un comino si vivimos o morimos. ¡Graben esto, rápido! ¡Quiero que todo el mundo conozca su verdadera cara!—¡Qué ridículo!Vanessa no soportó más. Les indicó a los guardaespaldas que levantaran al hombre del suelo y caminó a paso firme hacia Bianca.—¿Qué haces aquí? —preguntó Bianca, sorprendida.—¿Cómo no iba a venir? Si no vengo, se van a aprovechar de ti otra vez —dijo Vanessa conmovida, y le dio unas palmaditas en el brazo.Bianca, destrozada, sintió un profundo alivio.—Ah, eres tú, Vanessa.Dionisio se soltó de los guardaespaldas y se acercó a Vanessa con una sonrisa descarada.—Llegas justo a tiempo. Como eres tan buena amiga de Bianca, dile que nos dé dinero. Esa mocosa ahora tiene muchísimo dinero; solo le pido trescientos mil dólares
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