Al escucharlo, Rafael perdió su expresión indiferente y abrió los ojos de golpe.—¿Qué más sabes? Habla.Emilio se incorporó despacio hasta quedar sentado, con una mano sobre la herida del abdomen. Se lamió la sangre de los labios y alzó la cabeza para mirarlo con una sonrisa burlona.—¿Quieres saberlo? Está bien, pero quiero que me dejes ir.—Entonces te lo contaré de principio a fin, sin omitir nada. Estoy seguro de que esta información valdrá mucho para ti.Rafael lo miró con severidad, como si pudiera atravesarlo con los ojos.—Conmigo no puedes negociar —le advirtió.—O me dices la verdad o te quedas aquí el resto de tu vida.Emilio palideció.Sabía que no podía amenazar a Rafael. Solo le quedaba arriesgarse. Tenía que confiar en que, como no les había hecho ningún daño, Rafael no considerara que valiera la pena ir contra él.—Esto fue lo que pasó. Hace diez años, Vanessa cayó al agua y tú la rescataste, pero Alexis se hizo pasar por su salvador. Por eso ella estuvo con él durante
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