Vio la llamada entrante en la pantalla del auto, apartó la mirada y no contestó. Andrea se puso seria al ver que no respondía.¿Tanto la detestaba?¡No podía ser!Tenía que conseguir cuanto antes que Sergio se olvidara de Bianca. Sergio llegó a un edificio de departamentos, estacionó el auto y bajó. Entonces, un sujeto alto bajó de un auto estacionado a poca distancia.Vestía de negro de pies a cabeza y su frialdad disuadía a cualquiera de acercarse. Parecía el mismísimo señor del infierno; su presencia imponente intimidaba. Sergio entrecerró los ojos.El otro ya caminaba hacia él.—Sergio...Rodrigo se acercó, vestido con un abrigo. Caminaba con aire dominante y amenazador.—Si mal no recuerdo, usted no vive aquí.—Señor Zárate, ¿para qué pregunta si ya sabe la respuesta?Sergio lo miró sin inmutarse. Pese a su apariencia refinada, no se dejaba intimidar por él.—Si los Zárate no supieron educar a su hija, no tengo ningún inconveniente en darle una lección por ustedes.Sergio lo fulmi
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