El puerto estaba más concurrido de lo habitual. Desde primeras horas de la mañana, automóviles de lujo habían comenzado a llegar a la terminal privada en una fila interminable y silenciosa, dejando frente a las puertas a empresarios, ejecutivos, familias enteras y figuras acostumbradas a que las cámaras esperaran su llegada. El personal se movía con la precisión de quien ha ensayado cada movimiento: equipajes, acreditaciones, saludos, fotografías. Todo calculado. Todo bajo control. Al menos, eso parecía. Al fondo del muelle, el *Ocean Crown* esperaba. Era enorme. Mucho más de lo que cualquier fotografía conseguía transmitir. El casco blanco se extendía frente al puerto como una pared luminosa, y las letras doradas que formaban su nombre reflejaban el sol de la mañana con una arrogancia tranquila, como si el barco supiera exactamente el efecto que causaba en quienes lo veían por primera vez. Decenas de ventanales recorrían sus distintos niveles y, en las cubiertas superiores, l
آخر تحديث : 2026-10-15 اقرأ المزيد