Yo y Sebastián crecimos juntos. Nuestras familias eran cercanas, del mismo nivel social. Éramos la pareja perfecta que todos admiraban. Hasta que, en el último año de preparatoria, llegó una nueva alumna al salón: Camila Ríos.Delicada, frágil… pero con una fortaleza que despertó en él su necesidad de protegerla.Tres meses después, Sebastián habló conmigo.—Valeria, terminemos el compromiso. Camila me necesita. Sin mí, es incapaz de seguir viviendo.No pude aceptarlo e hice un escándalo. El resultado fue devastador: A Sebastián lo encerraron en casa. Y a Camila, mi familia la trasladó a otra ciudad, a una escuela mejor.Un mes después, Camila se suicidó lanzándose de lo alto de un edificio. No soportó el acoso escolar.Cuando Sebastián se enteró, fue como si algo dentro de él muriera, como un cuerpo sin alma. Dejó de hablar, de comer, dejó de vivir su vida.En cambio, yo, por amor… y por culpa… me quedé a su lado.Con paciencia, amor y una voz suave le hablaba todos los días.
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