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Capítulo 3

Author: Lucía Monteverde
Salí casi corriendo del edificio, y no me detuve hasta salir y subirme al auto donde el chofer estaba esperándome para llevarme a casa.

Apenas cerré la puerta, apoyé la cabeza contra el asiento, cerré los ojos y mi corazón, que latía desbocado, por fin empezó a calmarse poco a poco.

Sentí el celular vibrar en el bolsillo, era mi hermana.

—¡Vale! —la voz de mi hermana mayor estalló del otro lado de la línea—. A ver, cuéntame, ¿ya pensaste en lo que hablamos la vez pasada?

—Te digo, tus calificaciones son muy buenas, quedarte allí para estudiar administración solo porque Sebastián quiere ir a la universidad nacional es un desperdicio. Tú naciste para algo más grande. Ven a estudiar comunicación aquí conmigo en Grandoria, y también me haces compañía. Sin duda que, Europa te abriría el mundo entero.

Miré por la ventana mientras sostenía el celular entre mis manos. Recordé el viejo baúl de mi madre, lleno de recortes, credenciales de prensa, cuadernos con anotaciones de sus coberturas de cuando era periodista.

Desde niña yo abría ese baúl como quien abre un cofre sagrado, me encantaba ojear esos cuadernos; sentía que mi mamá era la persona más valiente del mundo e, influenciada por ella, me enamoré de esta profesión y decidí estudiar comunicación. Pero solo porque él quería estudiar finanzas en el Tec de Monterrey, cambié mis intereses y lo que deseaba estudiar desde niña, solo para poder estar con él.

—Hermana… —mi voz sonó más firme de lo que esperaba—. Ya lo decidí, quiero irme.

Del otro lado hubo unos segundos de silencio. Luego, una risa contenida, mi hermana no podía creerlo.

—¿Hablas en serio? ¿estás segura? ¿Y Sebastián? —preguntó con cuidado—. ¿De verdad eres capaz de dejarlo atrás?

Miré mis manos, que aún sostenían un vaso vacío. Entonces recordé algo que había pasado esa misma mañana.

Durante el receso, el dispensador de agua estaba descompuesto. Yo llevaba rato con la garganta seca, pero estaba concentrada resolviendo ejercicios. Al levantar la vista, vi a Sebastián sosteniendo con cuidado un vaso de agua… pero no para mí, se lo ofrecía a Camila.

—Despacio —le dijo con voz suave—, ten cuidado.

Pero estaba demasiado ocupada con los errores que había tenido en el estudio como para detenerme a pensar con calma. Y en este instante, él se superpone con aquel chico de mis recuerdos, el que captaba mis pensamientos al instante y se levantaba de inmediato para ir a traerme agua. Esa atención única que alguna vez fue solo mía, ahora la está entregando intacta a otra persona.

Miré el celular, hablé en voz muy baja, pero con absoluta firmeza.

—Ya no importa —respondí—. Él está enamorado de otra persona, así que no voy a seguir insistiendo.

Después de decir eso, colgué y guardé el vaso vacío en el fondo de mi mochila.

Esa noche, durante la cena, miré a mis padres con calma.

—Quiero postular para estudiar en el extranjero.

Mi mamá dejó los cubiertos, y mi papá me observó con atención.

—¿A dónde?

—A Europa. Comunicación.

Al enterarse, se sorprendieron y se pusieron inmensamente felices y enseguida empezaron a preparar todo para mi salida del país.

—Si es lo que realmente quieres —dijo mi padre—, te vamos a apoyar. Con tus calificaciones, apenas termines la preparatoria ya podrás irte a estudiar a Grandoria.

Tres meses, era todo lo que faltaba para graduarme. Sentí un gran alivio, tres meses más… y Sebastián dejaría de ser parte de mi mundo, no tendría más ningún contacto con él.
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