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Capítulo 6

Author: Lucía Monteverde
¿Quieren que haga de niñera, igual que en mi vida pasada? Ni lo sueñen.

Pensando eso, me lancé hacia adelante y, frente a Sebastián, le di a Camila una bofetada brutal. Luego los clavé con la mirada y les dije:

—Recuérdenlo bien, ahora sí lo hice yo.

Esa bofetada, la descargué con toda la fuerza de mi rabia, hizo que la mejilla de Camila se hinchara de inmediato. El dolor fue tan intenso que su cuerpo entero comenzó a temblar sin control.

—¡Valeria, tú…!

La voz de Sebastián estaba cargada de una ira incrédula.

—¿Cómo te atreves? ¿Delante de mí ya ni te molestas en fingir, verdad?

Respiré hondo y hablé con calma:

—¿Fingir qué? Yo solo la golpeé de forma clara y directa, delante de tus ojos. Ya que igual iba a ser acusada injustamente, mejor hacerlo realidad.

Me incliné, recogí mi mochila, le sacudí el polvo y me la colgué al hombro.

—Sebastián, llévate a tu Camila y manténganse lejos de mí.

Le dije mirándolo fijamente a los ojos.

—Con solo verlos me dan ganas de vomitar.

Dicho eso, me di la vuelta y me fui.

Detrás de mí, Sebastián estaba fuera de sí.

—¡Si tienes agallas, de verdad no vuelvas a contactarme! ¡Cuando entres a la Universidad no esperes que me haga cargo de ti!

¿A quién le importa? No le respondí.

La gente alrededor se apartó en silencio, dejándome un camino libre. Mientras miradas difíciles de descifrar se posaban sobre mi, pero no les presté atención.

Solo que, desde ese día, la relación entre Sebastián y yo se volvió extraña y distante. Incluso estando en el mismo salón, yo lo trataba como si fuera invisible.

Varias veces intentó hablar conmigo, pero lo ignoré por completo. Hasta me regaló mi pan dulce favorito, como intento de reconciliación, pero lo tiré al basurero delante de todos.

La confusión y el enojo en su mirada se hicieron cada vez más profundos, hasta que después él también empezó a ignorarme. Pero nada de eso tenía ya que ver conmigo.

Los exámenes finales finalmente terminaron.

Después de entregar el último examen y soltar el bolígrafo, salí del aula. Ese día el sol brillaba con intensidad, y al salir respiré profundamente.

Mis padres me esperaban afuera, sonriendo llenos de orgullo y alegría.

—¿Cómo te fue? —preguntó mi mamá, mientras colocaba su mano sobre mis hombros.

—Bastante bien —respondí con una sonrisa.

Aunque en realidad, mi mente estaba puesta en mi solicitud para estudiar en el extranjero.

Desde antes del examen, ya había recibido la carta de aceptación de una universidad de los Países Bajos. En cuanto entregara mis resultados del examen, recibiría la notificación oficial y podría irme formalmente a estudiar allá.

—Entonces perfecto. Volvamos a casa, mamá te preparó un montón de cosas ricas.

Al llegar a casa, empecé a preparar mis cosas para irme a Grandoria.
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