—¿Qué hago en el penthouse de mi hermano? Un minuto, ¿quién me trajo aquí? ¿Y por qué duele tanto mi cabeza? Los recuerdos de la noche anterior comenzaron a aparecer en la mente de la Evelyn. ¡Oh, rayos! ¿Qué fue lo que hice anoche? Se incorporó con rapidez y se encaminó directo al baño. Luego de asearse, avanzó hacia la sala con el pecho agitado. —Diosito, por favor, que se haya marchado —rogaba con vehemencia. Pero no, él seguía ahí, sentado en el sofá con su impecable figura. Tenía las piernas cruzadas y, con calma, revisaba su tablet. —¿Todavía sigues aquí? —murmuró la chica para sí misma. —Buenos días, Evelyn, y sí, todavía estoy aquí. «¡Rayos! Me escuchó», meditó la joven. —Gracias por traerme, ¿tú me cambiaste de ropa? —preguntó avergonzada, mientras el color le subía a las mejillas. En ese preciso momento apareció la nana. —Mi niña, ya despertaste, te preparé un caldo, es bueno para aliviar la resaca. —Gracias, nanita. Lucas levantó la vista. —Descuida, fue ella qu
Última actualización : 2026-05-10 Leer más