La penumbra de la mansión Mason en Kensington parecía absorber cada sonido, convirtiendo los elegantes pasillos de mármol en un laberinto de silencio y distancia. Eran casi las diez de la noche cuando la pesada puerta de entrada se abrió de forma sutil, dejando entrar una ráfaga de aire fresco y húmedo del otoño londinense.Karen entró despacio, intentando no hacer ruido con la cerradura. Llevaba el abrigo de lana café cruzado sobre el pecho, la bufanda desenrollada hasta los hombros y el cabello recogido en una coleta baja de la que se escapaban varios mechones rebeldes sobre su rostro. Traía en la mano derecha un bolso de tela gastado y en la izquierda una pequeña bolsa con dos emparedados fríos que había comprado en la estación del metro.Su jornada había comenzado a las seis de la mañana. Había cumplido un turno de ocho horas en el bistró La Piccola Fontana limpiando mesas y sirviendo pedidos, para luego trasladarse en el transporte público hasta un centro comunitario en el este d
آخر تحديث : 2026-09-16 اقرأ المزيد