—¡Por favor, no quiero ir allí! —lloró Claire mientras Reuben la arrastraba fuera del edificio del hospital. Su voz temblaba y sus ojos se llenaban de lágrimas. La gente cercana se volvió a mirarlos; algunos susurraban entre ellos, pero a Reuben no le importó. Su rostro frío no cambió, ni siquiera por un segundo.Abrió la puerta del coche y le indicó que subiera, pero Claire no hizo ningún intento de moverse. Permaneció inmóvil, negando con la cabeza como una niña asustada.—Te dije que subieras —dijo Reuben con firmeza, su voz grave recorriéndole la espalda con un escalofrío.—¿Por qué estás haciendo esto? ¡Te dije que no quiero ir! —dijo Claire con la voz temblorosa, casi en un susurro, con la garganta apretada por contener las lágrimas.Reuben no respondió. Su paciencia ya se estaba agotando. Sin decir una palabra más, la sujetó del brazo; no con brusquedad, sino con la suficiente firmeza para que ella no pudiera soltarse. Su agarre era fuerte, controlado y frío.—Sube al coche, Cl
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