Él era alto, y la sombra que proyectaba la cubría por completo. Las siluetas de ambos se superponían, como si se estuvieran abrazando.Sonia no dejaba de sentir que, a sus espaldas, una mirada ardiente la recorría de arriba abajo, haciéndole arder la espalda.¿Se estaría imaginando cosas?Del primer piso al sexto, el trayecto no era ni muy largo ni muy corto, pero esa noche se le hizo eterno.Cada minuto, cada segundo, parecía caerle de lleno sobre el corazón.Cuando por fin llegaron a la puerta, Sonia ya estaba empapada en sudor. La blusa se le había humedecido y se le pegaba a la espalda.La blusa blanca, al mojarse, se había vuelto ligeramente translúcida. Javier no pretendía faltarle al respeto, pero cuando sus ojos se posaron en ella, distinguió con claridad el color de su ropa interior: rosa.Sonia metió la llave y abrió la puerta. Luego se inclinó para quitarse los zapatos.Javier miró hacia el zapatero y vio un par de zapatos de hombre, grandes y azules.No dijo nada, pero por
Ler mais