Al colgar, apagué la computadora con total calma.—No es nada, solo hablaba con mi profesor sobre un divorcio.La expresión de Elsa cambió por completo y se me vino encima, invadiendo mi espacio.—¿Qué divorcio? ¿Te quieres divorciar de mí?Retrocedí un par de pasos, marcando distancia, y solté una excusa para salir del paso:—No, es un asunto del despacho. Mi profesor quería pedirme mi opinión.Solo entonces ella suspiró aliviada y me tendió la bolsa de papel que traía.—Toma, es para ti.Era de mi pastelería favorita.Antes de casarnos, siempre que Elsa me hacía enojar, corría a ese lugar a comprarme algo. El lugar era muy famoso y siempre había que hacer fila por lo menos dos horas. Para contentarme, sin importar si llovía o hacía un sol insoportable, bastaba con que yo dijera que tenía antojo de uno para que ella fuera personalmente a formarse.A veces, por lástima, le sugería que contratara a un repartidor, pero Elsa siempre me decía:—No pasa nada, Nelson. Por ti, lo hago con t
Read more