En aquella oscuridad cercana a la muerte, me pareció ver un rayo de luz.Creí que, por fin, Agustín había entrado en razón y había vuelto para salvarnos a mi hijo y a mí.Pero quien entró no fue él. Fue la enfermera que no había participado en la agresión.Se acercó corriendo hasta mí y, al verme cubierta de sangre con mi hijo en brazos, se echó a llorar al instante.—Perdón… soy enfermera del hospital. Acepté venir a atenderte porque en mi casa necesitamos el dinero, pero nunca imaginé que esas mujeres ni siquiera eran médicas de verdad. No soporté ver lo que te hicieron, por eso me escondí. Jamás pensé que fueran a ensañarse contigo así…La enfermera, temblando, sacó el celular y grabó el estado en que habíamos quedado mi hijo y yo.—Se lo voy a mandar al señor Vázquez. Cuando vea cómo te dejaron, seguro va a venir.Apenas envió el video, llamó de inmediato a Agustín.—¡Señor Vázquez! ¡Su esposa y el niño están muy mal, de verdad! ¡Venga a verlos, por favor…!Al ver el video, la voz
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