Lo que Lara sostenía en la mano era un cuchillo afilado.Victoria gritó:—¡Lara, estás loca!—¡Sí! ¡Estoy loca! ¡Y te voy a matar! ¡Todo es por tu culpa!Los ojos de Lara destellaban ferocidad mientras levantaba el cuchillo y lo hundía hacia el cuello de Victoria.Hacía un momento, en la oficina de Hugo, había implorado perdón de todas las maneras posibles.Se arrodilló, se abofeteó a sí misma, se arrepintió en voz alta.Usó todos los trucos que conocía, pero ninguno funcionó.Hugo se mantuvo frío de principio a fin, firme en su decisión de divorciarse.Además, le dejó claro que, si seguía alargando las cosas, no recibiría ni un centavo.Por el dinero, Lara, sin otra opción, había terminado firmando el acuerdo de divorcio.Pero en el fondo, no se resignaba.Sabía que, en cuanto Hugo recuperara su soltería y trabajara junto a Victoria todos los días, era muy probable que terminaran juntos.Solo de pensarlo, Lara sentía un tormento insoportable.Por eso, cuando vio el cuchillo en el frut
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