Del otro lado de la pantalla, el hombre desapareció por un instante. Cuando volvió a aparecer, su voz ya se escuchaba entrecortada:—Pronto, mamá. —En cuanto termine el proyecto que tengo entre manos, vuelvo a casa para verlas.Victoria ya tenía los ojos rojos. Se cubrió el rostro con las manos, tratando de contener las lágrimas que amenazaban con desbordarse. Tras un esfuerzo, logró calmarse.Mirando la pantalla, se obligó a sonreír:—Mi hermanito, date prisa entonces.—Mamá y yo estamos ansiosas por verte. —Y gracias por el auto nuevo, y también por los dos ayudantes que me enviaste. —Últimamente he estado imparable, ¿ya te enteraste, verdad?El rostro del hombre no volvió a aparecer en la pantalla, pero su voz todavía estaba llena de ternura:—Me enteré, lo hiciste muy bien.—Todos estos años, tú y mamá lo han pasado difícil. —Ahora que estoy yo, nadie volverá a atreverse a molestarlas.Victoria asintió con fuerza, y esta vez las lágrimas se le escaparon sin remedio. A su la
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