—¿Qué te parece esto? —dijo Pablo.—Si con eso logras calmarte y haces que el Grupo Negro deje en paz al Grupo Fernández, puedes desquitarte con mi esposa y mis tres hijas como te plazca.—Te garantizo que, de ahora en adelante, nada de esto volverá a pasar en esta casa.—Podrías considerar, por ser yo, tu suegro, quien te lo pide personalmente, ¿darle otra oportunidad a Daniel?—Después de todo, somos familia, ¿no crees?Victoria ya no daba crédito ni a sus oídos.Que semejantes palabras salieran de la boca de ese Pablo tan arrogante y altivo era, sin duda, una sorpresa para ella.Sin embargo, comprendió la razón en un instante.Pablo, con mucha más experiencia y una cabeza mucho más despierta que la de Daniel, sabía leer el momento.Estos días, Victoria había puesto patas arriba no solo a la familia Fernández, sino a toda Ciudad Haye.Si no hubiera tenido a alguien detrás, jamás habría actuado con tanta insolencia y sin dejar margen alguno.Daniel no había sido capaz de verlo con cla
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