Victoria miró a Hugo, con los ojos brillando de gratitud:—Hugo, gracias.—Pero no quiero que, por mis asuntos personales, termines enfrentado a los Fernández. —Después de todo, ustedes antes...—La situación ya cambió.Hugo la interrumpió, con un tono que no admitía discusión:—Ya rompí mi amistad con Daniel.—Victoria, hablo en serio. —Si lo necesitas, puedo movilizar todos los recursos de la familia Suárez.—En fin, tengo maneras de sobra para obligarlo a devolver a la niña.Victoria vio la preocupación sincera y la urgencia en los ojos de Hugo, y sintió un calor en el pecho.Sabía que si Hugo lo decía, lo cumpliría.Pero precisamente por eso, no podía contraer una deuda tan grande con él.El favor de Hugo era demasiado pesado; temía no poder devolvérselo.En cambio, su hermano era familia.Eso era diferente.Victoria negó suavemente con la cabeza y le dedicó una sonrisa agradecida:—Hugo, aprecio tu intención de verdad.—Sé que puedes ayudarme, pero mi hermano ya tiene todo listo
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