La abuela, Pablo y los sirvientes, que ya estaban al tanto, esperaban en el vestíbulo.En cuanto los vieron aparecer, todos se acercaron.La abuela fue la primera en tomar a Estrella en brazos, con la mirada llena de cariño:—Qué bonita, se nota a leguas que es una belleza.—Déjame decirte, Daniel, esta niña va a casarse con un buen partido cuando sea grande.La abuela no paraba de elogiarla.Pablo, de pie junto a la abuela, observó a la niña con atención, y su rostro severo se suavizó un poco.Miró a Daniel con indiferencia y preguntó:—¿Cómo van las cosas con esa mujer? ¿Te dejó traer a la niña?Daniel murmuró una respuesta evasiva.Quizás porque había demasiada gente alrededor o porque el entorno le resultaba desconocido, Estrella miró a su alrededor y de repente rompió a llorar.Daniel solo había cuidado bebés cuando ayudaba a Lara, y casi siempre con la ayuda de niñeras.Estrella lloraba sin consuelo, y nadie lograba calmarla.Daniel la paseaba de un lado a otro, sudando la gota g
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