—Papá, voy yo. Esto no necesita que te molestes tú —dijo Lara, ofreciéndose voluntaria al instante.Acto seguido, llamó a varios guardias y se dirigió con paso airado hacia el salón de al lado.En ese momento, Victoria y Paula estaban agachadas organizando los regalos, de espaldas a la puerta, sin percatarse de la llegada de Lara.Al ver sus siluetas, Lara sintió que la rabia le hervía por dentro. Alzó la voz con arrogancia:—¿Podrían poner música normal? Y, además, ¡bajen el volumen! ¡Me están molestando!La voz era estridente y conocida.Victoria y Paula se giraron al mismo tiempo.Al ver el rostro altivo de Lara, ambas se quedaron paralizadas un instante, y acto seguido sus expresiones se helaron.Paula reaccionó primero:—Ah, eres tú, Lara. —Estamos en nuestro salón, ponemos la música que nos da la gana. ¿A ti qué te importa?Lara tardó unos segundos en procesarlo, hasta que cayó en la cuenta de quiénes eran las dueñas del lugar.Echó un vistazo al letrero de "banquete de los cie
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