Victoria lo miró con frialdad, y cada palabra que pronunció fue un puñal directo al corazón de él:—Estos cinco años, ¿tú no sabes cómo te he tratado?—Fuiste tú quien no quiso creer la verdad.—Preferiste escuchar mentiras y ponerte en mi contra.—Ya que no soportas a esta niña, y hasta permites que tu familia le lance esa basura en su propio banquete de cien días, pues bien, te lo concedo.Victoria se giró de repente y miró a los periodistas, que seguían boquiabiertos.Dijo con voz clara:—Señores y señoras, ya que los Fernández han dicho esto, no hace falta que guardemos las apariencias.—Sí, es cierto, Estrella no es hija de Daniel.—Esta niña la parí yo. Yo la criaré y la educaré.—¡No necesito ayuda de los Fernández, y mucho menos que ellos metan las narices!—Desde hoy, ¡Estrella rompe todo vínculo con los Fernández!—Ella se apellida Lima, se llama Estrella Lima. ¡Es mi hija!—¡No tiene absolutamente nada que ver con Daniel ni con los Fernández!—En cuanto a la llamada "humilla
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