Al darse cuenta de que la situación se les había ido de las manos, la furia de los dos secuestradores se desbordó.Saltaron del auto al instante, intentando arrastrar a Victoria de vuelta al interior.—¡Ayúdenme, por favor! ¡Son delincuentes! ¡Llamen a la policía!Viendo la urgencia, varios conductores solidarios y empleados de la gasolinera se acercaron para ayudar.Pero lo que nadie esperaba era que uno de los secuestradores sacara una pistola.El cañón negro, brillando bajo las luces de la gasolinera, desprendía un fulgor aterrador.—¡Alto! ¡Nadie se mueva!—Es mi novia y esto es un asunto privado.—¡Al que se meta, le vuelo la cabeza!Los dos tipos blandían las armas, amenazando a todos.Al ver la pistola, la multitud retrocedió asustada. Nadie se atrevió a intervenir.Victoria intentó gritar de nuevo.Pero en ese instante, el secuestrador ya le había puesto el cañón en la sien:—¡Cállate, maldita!—Si vuelves a abrir la boca, ¡te mato aquí mismo!—Arruinaste mi plan, ¡maldita bru
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