Daniel era, sin duda, su primera opción. La primera vez que lo vio, quedó atrapada.Nunca pudo olvidarlo. Pensó que, al casarse, ella ya no tendría oportunidad. Pero cinco años después, se reencontraron, y todo avanzaba tan rápido.En ese momento, Daniel la tenía arrinconada contra la pared, su cuerpo ardiente pegado al de ella. Yolanda se mordió el labio, estaba nerviosa. Cerró los ojos y se puso de puntillas, estaba lista para el beso.Daniel le sostuvo el rostro con las manos.Tenía las mejillas muy calientes; ya no sabía si era su propia temperatura o la de las manos de él. Llevaba mucho tiempo esperando ese momento.Pero esperó, y esperó, y el beso nunca llegó.Estaba extrañada, Yolanda abrió los ojos.Entonces descubrió que Daniel no la miraba a ella. Su mirada estaba fija en la habitación de al lado, como si esperara que alguien apareciera.—Daniel, tú...Yolanda iba a hablar, pero en ese momento se oyó un ruido: la puerta se abrió.Antes de que pudiera terminar la frase,
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