Seis meses después, Isla volvía a sentir. No todo. No de golpe. Volvió por partes, como la tierra que se deshiela en primavera: primero el fastidio, luego el cariño, luego el miedo, luego el amor. Kaelen había cumplido su palabra. Cada día le había hablado. Cada día la había tocado. Cada día le había dicho *te quiero* hasta que ella había querido lanzarle un libro a la cabeza. Le lanzó el libro el día cuarenta y siete. Él lo atrapó, se echó a reír y la besó con tanta fuerza que ella olvidó por qué estaba enfadada. El vínculo regresó el día sesenta y tres. Estaba sentada en el jardín, viendo derretirse la nieve, y de pronto lo sintió —*lo sintió*— tres pisos más arriba, en plena reunión del consejo, y empezó a llorar, y Margo la encontró sollozando sobre un rosal y fue a buscar al Alfa sin decir palabra. Él había corrido todo el camino. Transformado a medias. Llegó sin camisa, aterrado y cubierto de polvo. —Estás llorando... —Te siento. Se había quedado paralizado. —¿Me siente
Last Updated : 2026-09-21 Read more