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LA REINA QUE ELIGIO

Autor: Anna writes
last update Data de publicação: 2026-09-21 19:35:36

Seis meses después, Isla volvía a sentir.

No todo. No de golpe. Volvió por partes, como la tierra que se deshiela en primavera: primero el fastidio, luego el cariño, luego el miedo, luego el amor. Kaelen había cumplido su palabra. Cada día le había hablado. Cada día la había tocado. Cada día le había dicho *te quiero* hasta que ella había querido lanzarle un libro a la cabeza.

Le lanzó el libro el día cuarenta y siete. Él lo atrapó, se echó a reír y la besó con tanta fuerza que ella olvidó p
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  • La Falsa Compañera Del Licántropo   LA REINA QUE ELIGIO

    Seis meses después, Isla volvía a sentir. No todo. No de golpe. Volvió por partes, como la tierra que se deshiela en primavera: primero el fastidio, luego el cariño, luego el miedo, luego el amor. Kaelen había cumplido su palabra. Cada día le había hablado. Cada día la había tocado. Cada día le había dicho *te quiero* hasta que ella había querido lanzarle un libro a la cabeza. Le lanzó el libro el día cuarenta y siete. Él lo atrapó, se echó a reír y la besó con tanta fuerza que ella olvidó por qué estaba enfadada. El vínculo regresó el día sesenta y tres. Estaba sentada en el jardín, viendo derretirse la nieve, y de pronto lo sintió —*lo sintió*— tres pisos más arriba, en plena reunión del consejo, y empezó a llorar, y Margo la encontró sollozando sobre un rosal y fue a buscar al Alfa sin decir palabra. Él había corrido todo el camino. Transformado a medias. Llegó sin camisa, aterrado y cubierto de polvo. —Estás llorando... —Te siento. Se había quedado paralizado. —¿Me siente

  • La Falsa Compañera Del Licántropo   EL DESHACIMIENTO

    Los aullidos llegaban de todas partes.Kaelen ya se movía, transformándose por completo en su forma licana en pleno salto: doce pies de pelaje negro y ojos dorados aterrizando entre Isla y la abertura de arriba. Su rugido sacudió las paredes del foso. Cayó tierra en una lluvia fina.Elara agarró la muñeca de Isla.—No tenemos tiempo. El ritual tiene que hacerse ahora, o no se hará.—¿Aquí?—Aquí. Hay una línea de poder bajo este foso. Por eso lo elegí. —Elara ya estaba trazando runas en la tierra con dedos temblorosos—. Dame el cuchillo.Isla dudó. Kaelen gruñó algo por encima del hombro; las palabras se perdieron en el gruñido, pero ella lo entendió. *No confíes en ella.*—Lo he oído —dijo Elara sin levantar la vista—. Y no te culpo. Pero si hubiera querido verte muerta, habría dejado que Marius te llevara hace tres meses. El cuchillo. Ahora.Isla se lo entregó.Elara lo hundió en el centro de las runas. La hoja se sumergió en la tierra como en agua.El suelo empezó a brillar.Sobre

  • La Falsa Compañera Del Licántropo   LA VERDAD SOBRE ELARA

    El amanecer llegó gris y frío.El castillo contaba a sus muertos. Veintitrés guerreros. Cuatro sirvientes. Una niña de nueve años que se había escondido en una despensa y a la que encontró algo a lo que no le importó.Isla permanecía en el gran salón viendo cómo tendían los cuerpos en hileras.No lloró. Quería hacerlo. Buscaba el dolor una y otra vez y solo encontraba el zumbido plano y silencioso del don, instalado en su pecho como un segundo latido.Úsalo lo suficiente y no querrás a nadie.Ahora lo entendía. Ese era el verdadero peligro. No el fuego. No la destrucción. La insensibilidad.Kaelen la encontró una hora después de la salida del sol. Había vuelto a su forma humana, se había aseado y se había vendado lo peor. Parecía un hombre que llevaba una semana sin dormir y no pensaba empezar ahora.—Margo está viva —dijo—. Conservará el brazo.—¿Y el cuchillo?—Desaparecido. Sin rastro. Sin olor. Nada. —Hizo una pausa—. Elara recorrió mi castillo y nadie la vio. Eso no debería ser p

  • La Falsa Compañera Del Licántropo   EL SANTUARIO

    La ventana estalló en pedazos e Isla no se movió.Una lluvia de cristales cayó sobre el suelo de la sala de guerra. El aire frío se coló por el hueco, trayendo olor a sangre y a algo peor: podredumbre, azufre, el hedor de lobos que habían sido deshechos y rehechos de mala manera. Afuera, la cresta se vaciaba. Cien siluetas se derramaban por la ladera como agua negra.Kaelen ya se había ido.Isla permanecía en la ventana rota con los ojos dorados, sin reconocerse.Majestad. —La mano de Margo se cerró alrededor de su muñeca—. Tenemos que irnos. Ahora.No pienso dejarlo.Lo harás. —Margo apretó más, clavándole las uñas—. Él dio una orden. La obedecerás, o cada lobo que muera esta noche habrá muerto en vano.Isla quería discutir. Quería bajar corriendo las escaleras, encontrarlo en la oscuridad y quemar todo lo que lo tocara. Le temblaban las manos. La luz dorada sangraba entre sus dedos, goteando al suelo como metal fundido, y allí donde caía, la piedra chisporroteaba.Margo lo vio. Pali

  • La Falsa Compañera Del Licántropo   LA PRIMERA MUERTE DE LA REINA

    Otra vez.Isla flexionó los dedos. Una luz dorada parpadeó en sus nudillos y se apagó.Otra vez.La primera vez te oí, Margo.La anciana Margo estaba al otro lado del patio de entrenamiento, con los brazos cruzados y el cabello plateado recogido tan tirante que parecía doloroso. A su alrededor, veinte guerreros de Kaelen observaban desde las murallas. No eran espectadores casuales. Eran guardias. Porque hacía tres meses Isla había aprendido por las malas que su don no tenía interruptor.Concéntrate —dijo Margo—. No en la luz. En la sensación.No tengo ninguna sensación. Ese es el problema.Entonces encuentra una.Isla cerró los ojos. Respiró. Intentó invocar algo: rabia, dolor, amor. Lo que fuera. Pero su pecho estaba en silencio. Desde el santuario, desde que la sangre de Liam se vertió en ella y reconstruyó lo que había destruido, sus emociones se sentían como ropa prestada. Familiares. No del todo suyas.Abrió los ojos.No funciona.No —coincidió Margo—. No funciona.Entonces, ¿qué

  • La Falsa Compañera Del Licántropo   El Ajuste de Cuentas

    La luz plateada explotó hacia afuera.Cada lobo en el salón cayó al suelo. La maldición que ataba a Elara no simplemente se rompió — se destrozó, y la onda expansiva desgarró las paredes del castillo. Grietas se ramificaron por la piedra antigua como relámpagos atrapados. Las arañas cayeron. Las ventanas se astillaron. Y el disfraz de Marius se desmoronó.La mujer de cabello blanco desapareció.En su lugar había un monstruo: demacrado, antiguo, con ojos como brasas ardientes. Siseó el nombre de Isla como si fuera una maldición.Kaelen arrancó los colmillos de su cuello. La herida selló al instante. El vínculo zumbaba entre ellos — vivo, eléctrico, una cuerda tensa entre dos corazones que ahora latían en la misma frecuencia. Ella podía sentirlo todo: su furia, su terror. No por él mismo. Por ella.La empujó detrás de él y enfrentó a Marius. Su voz ya no era humana. Era un gruñido estratificado bajo las palabras, antiguo y terrible."La maldición está rota. El Clan Carmesí no tiene nada

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