LOGINTras descubrir la infidelidad de su marido, una mujer destrozada tiene una noche impulsiva con un desconocido devastadoramente atractivo en el bar de un aeropuerto, solo para descubrir que él es el infame Rey Alpha —y que no tiene ninguna intención de dejarla ir, obligándola a una relación falsa que la atrapa entre un ex vengativo y una bestia posesiva.
View MoreTres años después.El castillo había cambiado.No las piedras. No los muros. Esos eran los mismos de siempre, antiguos, grises y tercos. Pero la gente de dentro había cambiado. La manada había crecido. Los pasillos sonaban más fuerte. Las mesas estaban más llenas. Y había una habitación infantil en el segundo piso que de alguna manera se había expandido a tres habitaciones, todas llenas de juguetes y libros y la alegría caótica de una niña que nunca había conocido el miedo.Elara tenía cuatro años.Era pequeña para su edad, con el cabello oscuro de su padre y los ojos afilados de su madre, y una sonrisa capaz de encantarle los colmillos a un lobo. Seguía a Kaelen a todas partes. Se sentaba en las reuniones del consejo y exigía saber por qué las fronteras estaban trazadas donde estaban. Preguntaba constantemente. Sin parar. Sin descanso.—¿Por qué el cielo es azul?—La luz se dispersa —dijo Isla.—¿Por qué?—Porque la atmósfera...—¿Por qué?—Elara.—¿Por qué?Isla había aprendido a el
Enterraron los huesos de Morrigan bajo la colina.Se sentía mal dejarla allí, en la biblioteca que había construido, rodeada del conocimiento que había acumulado durante siglos. Pero Isla no fue capaz de quemar el lugar. Había demasiadas respuestas dentro. Demasiada historia. Demasiados secretos que algún día podrían salvarle la vida a su hija.Así que sellaron la puerta con hierro y sal y una protección hecha por la propia Isla. No para mantener a nadie fuera. Para mantener la biblioteca a salvo hasta que pudiera regresar.—¿Estás segura? —preguntó Rhys—. Podría haber trampas. Maldiciones. Cosas que no encontramos.—Está muerta. Su magia murió con ella. —Isla apoyó la palma contra la puerta de hierro—. La biblioteca ahora es solo una biblioteca. Muy antigua, muy peligrosa. Pero solo una biblioteca.—¿Y la llave?Isla miró la llave de hierro en su mano. Pensó en lo que representaba. Poder. Conocimiento. La verdad sobre lo que era ella y lo que llegaría a ser su hija.La guardó en la b
La esfera de cristal pulsaba con una luz suave y enfermiza.Isla no retrocedió. No se estremeció. Se quedó mirando los ojos color hielo de Morrigan y sintió algo frío asentarse en su pecho. No era miedo. Era reconocimiento.—Has estado observando —dijo Isla.—He estado esperando. —La voz de Morrigan era suave, intemporal, como agua sobre piedra—. Trescientos años es mucho tiempo para esperar a una sola muchacha.—No soy una muchacha.—No. No lo eres. —La sonrisa de la bruja se ensanchó—. Eres la primera Silverwood en doce generaciones que sobrevive más allá de su primer año fuera de la manada. La primera en unirse a un lobo de su propia elección. La primera en dar a luz a un hijo de la estirpe en libertad. Eres todo lo que temí que llegaras a ser.—¿Y qué es eso?—Incontrolable.Kaelen se puso junto a Isla, con las garras fuera y los ojos dorados.—¿Quieres explicarte, o empiezo a romper cosas?Morrigan rio. Era un sonido agradable. Eso lo empeoraba.—Qué compañero tan leal. Elegiste
El fuego murió, y la oscuridad cobró vida.Isla no podía verlo, pero podía sentirlo. Una presencia en el borde del campamento, rondando, paciente. Los caballos habían enmudecido. Los guerreros se habían quedado inmóviles. Hasta el viento se había detenido.Kaelen se transformó por completo. Doce pies de pelaje negro y ojos dorados, colocándose entre Isla y lo que fuera que hubiera ahí fuera. Su gruñido rodó entre los árboles como un trueno.Liam no se había movido. Estaba exactamente donde había estado, con la llave todavía en la mano, el rostro pálido bajo la luz de la luna.—No corras —dijo en voz baja—. Le gusta cuando corres.—¿Qué es? —La voz de Isla sonó firme. Se sintió orgullosa de ello.—Te lo dije. Más antiguo que los lobos. Más antiguo que los hombres. —Los ojos de Liam recorrieron la línea de árboles—. Los Silverwood lo llamaban el Vacío. Para eso crearon el don. Ese era el propósito original. Antes de que lo olvidaran.—¿Olvidaran qué?—Por qué les fue concedido el poder,






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