La noche se había cerrado sobre la cueva como una losa de plomo, pesada y opresiva. El cielo, sin luna ni estrellas, era un manto negro que parecía presagiar el final de todo. La entrada de la cueva, apenas visible entre la maleza y las rocas cubiertas de musgo, era su único refugio, su último escondite. El olor a tierra húmeda, a roca antigua y a desesperación llenaba el ambiente, mezclándose con el miedo que se respiraba en el aire denso y frío de la noche.Damián estaba sentado en el suelo de la cueva, con la espalda apoyada contra la pared de roca fría. Sus manos descansaban sobre sus rodillas, y su mirada estaba fija en la oscuridad que los envolvía. Llevaba días sin dormir bien, y el cansancio se reflejaba en sus ojos inyectados, en el temblor apenas perceptible de sus dedos y en la barba crecida que no se había afeitado. A su lado, Annie estaba acurrucada, con la cabeza apoyada en su hombro y los brazos abrazando su propio cuerpo, como si intentara protegerse del frío y del mie
Última actualización : 2026-06-30 Leer más