HASSAN AL-ÁSADLa lluvia no cesaba. Golpeaba los cristales con furia, como si el cielo mismo se estuviera deshaciendo en llanto, y el viento gemía entre las torres del palacio, arrastrando consigo un presentimiento que me helaba la sangre a pesar del calor de su cuerpo contra el mío.Permanecí inmóvil, abrazándola, sintiendo cómo su respiración, antes entrecortada por el llanto, se hacía lenta y tranquila contra mi pecho. Tenía un brazo echado sobre mi cintura, la mano aferrada a mi espalda con una fuerza desesperada, como si aun en sueños temiera que desapareciera si me soltaba. La cubrí mejor con la manta, hasta el cuello, y deposité un beso suave en su sien, donde el cabello aún conservaba la humedad de la tormenta. No quería moverme. No quería romper este instante, el primero en semanas en que el silencio no pesaba como una losa, en que la paz parecía posible, al menos aquí, entre estas cuatro paredes.Pero el palacio nunca duerme. Y la tormenta afuera no era la única que rugía.E
Last Updated : 2026-10-14 Read more