Había pasado un año desde que Eva y Agustín se habían puesto de novios aquel día en el campo. Un año entero. A Eva todavía le costaba creer cuánto había cambiado su vida en ese tiempo. La casa grande ya tenía rincones favoritos, discusiones habituales, horarios imposibles y una dinámica propia que nadie había planeado del todo. Los cuatro chicos habían crecido, ellos también habían cambiado y, sin darse cuenta, habían dejado de preguntarse si aquello funcionaría. Simplemente hacían que funcionara. Con cansancio, desacuerdos, risas, besos robados en la cocina y alguna puerta cerrada con más fuerza de la necesaria. Pero funcionaba. Aquella tarde, sin embargo, Eva tenía otra preocupación. María estaba parada frente al espejo de su habitación, cambiándose por tercera vez y observándose como si en algún momento su reflejo fuera a darle la respuesta que buscaba. —Mamá, ¿esto está bien? Eva la miró desde la cama. —María, está perfecto. —Eso dijiste del look anterior. —Porque tamb
Última actualización : 2026-08-23 Leer más