En ese preciso milisegundo, el teléfono móvil en la mano de Kateryn comenzó a vibrar con una insistencia desbocada, iluminando la pantalla con el nombre de Sara. Kat bajó la vista hacia el dispositivo, ignorando por completo que a kilómetros de allí, en mitad de la noche oscura, su pequeño Leo yacía asustado en una habitación fría y oscura, acurrucado sobre las piernas de su nana, mientras ella contemplaba horrorizada el cuerpo inconsciente del guardia Méndez. Kat asumió con amargura que el dolor punzante que le agitaba el estómago se debía puramente a la presión de la gala y al secreto de sus propias náuseas reales. Con la urgencia de huir de esa revelación, se dispuso a deslizar el dedo por la pantalla para atender la llamada de su amiga. Sin embargo, la voz chillona de Valeria Santoro le cortó la idea de forma drástica. —¡Ah, ah, Kat! —llamó Valeria, clavándole una mirada inyectada en una perversión absoluta. La aristócrata no estaba dispuesta a permitir que la amante de su pro
Última actualización : 2026-10-03 Leer más