Cami debió notar el cambio en mí, porque bajó la cabeza y, con timidez, dijo en voz baja:—Padrino, no vayas a malpensar. Solo te pedí ayuda porque me entró una pulga y ahí me da comezón.Negué con la cabeza.—Tranquila, no lo estoy malpensando. Esta es la reacción natural de un hombre, no es algo que no pueda controlar a voluntad.Para distraerme, empecé a preguntarle a Cami si ya había hecho ese asunto entre hombres y mujeres con su novio, y de paso le pregunté algunas otras cosas.Por la actitud de Cami, varias personas en la calle nos clavaban miradas raras, ambiguas. Por fin llegamos a la casa. Empujé la puerta y, de un vistazo, vi a Lucía, la mamá de Cami y mi hermanita con la que crecí, tendiendo ropa en el balcón.Aprovechando que no veía hacia la entrada, me apresuré a cargar a Cami, que ya tenía las dos piernas flojas, sin fuerza, hasta la recámara. Después me dirigí hacia la recámara de Lucía.Para no levantar sospechas en Lucía, hice ruido a propósito para que me viera y le
اقرأ المزيد