El papel del sobre estaba frío, pero a mí me abrasaba en la yema de los dedos.— Lisa, no lo cojas... —murmuró Noelia, mirándolo con desconfianza desde el umbral.África dio un par de pasos hacia el pasillo, echando un vistazo a ambos lados de la escalera desierta. El silencio del edificio se había vuelto denso, sofocante, interrumpido únicamente por el goteo constante de la lluvia contra las ventanas y el chasquido lejano del ascensor al detenerse en la planta baja.— ¿Quién coño ha dejado esto aquí? —susurró África frunciendo el ceño—. Si no se ha oído a nadie... ¿Será algún vecino que se ha equivocado de puerta?No respondí. No podía.Tenía la mirada fija en mi nombre, escrito en el centro con una caligrafía limpia, redonda y extrañamente fría. Una letra que no pertenecía a Ben, ni a nadie de mi entorno. En mi pecho, la sola visión de aquel trazo me provocaba una mala espina aterradora, un presentimiento helado que me gritaba un único
Última actualización : 2026-08-17 Leer más