El lunes amaneció gris, cubierto por esa capa de nubes densas que parecía mimetizarse perfectamente con mi estado de ánimo. La universidad estaba abarrotada, llena del bullicio habitual de estudiantes corriendo por los pasillos con carpetas bajo el brazo y cafés humeantes en las manos. Era el inicio de una semana idéntica a todas las demás, una rutina predecible que se suponía que debía reconfortarme. Sin embargo, el ruido del campus se sentía extrañamente lejano, como si una densa pared de cristal me separara del resto del mundo. Yo estaba sentada en la última fila de la biblioteca, el rincón más apartado que había logrado encontrar, con los apuntes de Derecho Procesal abiertos de par en par. Pero mis ojos no veían las leyes, ni los plazos judiciales, ni los textos subrayados en fluorescente. Mis ojos solo miraban, fijamente, la esfera dorada del reloj que Adrián me había regalado la tarde anterior en el parque.*«Tu tiempo es tuyo, Lisa»*.Pasé la yema del pulgar por el cristal del
Last Updated : 2026-07-09 Read more