Pasaron dos días y, en París, la mansión Delacourt estaba tranquila. En el despacho, Jeremías bebía mirando el fuego.—A esta hora esos dos bastardos deben estar muertos. Al fin podré estar tranquilo.—Señor, llegaron.Jeremías se giró y vio a seis mujeres, de unos 20 a 30 años, vestidas en ropa interior frente a él, con la mirada baja.—Bien, ¿revisaron su fertilidad?—Sí, señor.Jeremías se acercó a ellas. Su mano apretó sus pechos, luego su trasero.—Me gustan. Levanten el rostro.Las mujeres levantaron el rostro. Sus facciones eran bonitas, pero todas ellas tenían los ojos llenos de lágrimas.—¿Saben por qué están aquí? Bueno, porque sus padres las vendieron a mí. Mi hijo fue asesinado, así que necesito un heredero. La primera que me dé un hijo varón será mi esposa y tendrá su vida resuelta, así que tendrán que portarse muy bien conmigo. Espero que tengan experiencia en complacer a un hombre.—Señor, todas son vírgenes.—Mejor aún.—Tú, ¿cuántos años tienes?—Veintiuno, señor.Jer
Última actualización : 2026-09-08 Leer más