El rugido de Gideon silenció el claro por completo. La manada entera nos miró, sorprendida.Ronan, escandalizado, dio un paso al frente.—Gideon, ¿qué acabas de decir? ¿Thalia es tu qué? —exigió saber mi hermano.El corazón me golpeó las costillas. Por un momento, la adrenalina me nubló el juicio. Pero la rigidez en el rostro de Gideon me devolvió a la realidad. Él no lo había gritado por amor. Si de verdad hubiera querido reclamarme, lo habría hecho hace de cinco años, no haciendo un berrinche.Dejé escapar una risita para restarle importancia al asunto.—No le hagas caso, hermano —intervine—. Gideon está borracho. Ya sabes cómo le gusta bromear conmigo para espantar a mis pretendientes.Solté las palabras sin peso, disfrazando mis intenciones como un juego amistoso, aunque los dedos me temblaban alrededor del vaso.Gideon me aniquiló con la vista. La indignación le desfiguró el rostro, ofendido por una traición que solo existía en su cabeza. Tomó aire para contraatacar, pero e
Leer más