เข้าสู่ระบบTras la audiencia, corté todo contacto con Gideon.Borré su número, bloqueé el enlace para siempre y hasta compré un teléfono nuevo.El nombre de Gideon se convirtió en un mero rumor. El hazmerreír de la manada.—¿Te enteraste? El Beta aseguró que la princesa Thalia era su compañera en plena audiencia —cuchicheaban algunos.—Y ni siquiera la Diosa de la Luna los había bendecido. Qué humillación —respondían otros.—Siempre supe que algo andaba mal con él. Esa forma tan rara de mirar a la princesa... —añadía alguien más en los pasillos.—Bueno, eso ya está afectando su rango. Escuché que el Alfa busca un nuevo Beta —concluían los rumores.Los chismes destrozaron a Gideon por completo.Intentó irrumpir en la mansión en varias ocasiones, pero los guardias de Ronan lo echaron a la calle sin piedad. La primera vez, recibió una advertencia. La segunda, usaron la fuerza bruta. La tercera, los centinelas lo arrojaron a rastras más allá de los portones.—Denle un mensaje a Gideon de mi
Liam actuó rápido. Vi un celaje negro y en un parpadeo se reveló un lobo negro más alto y ancho que Gideon.Los dos chocaron de frente y lucharon el uno contra el otro en el reducido espacio del restaurante. Los muebles crujieron hasta astillarse. Las garras abrieron surcos profundos en las paredes.—¡Basta! ¡Deténganse los dos! —grité con todo lo que pude.Pero las dos bestias enloquecidas eran sordas a mis súplicas.En menos de tres minutos, las alarmas del restaurante comenzaron a chillar por todo el sitio. El escuadrón de seguridad de la manada irrumpió en cuestión de segundos. Seis guardias con armamento pesado rodearon el perímetro donde ambos peleaban a muerte y dispararon redes especiales de plata para separarlos.—¡Suficiente! —ladró el oficial al mando con el puño alzado—. ¡Transformarse y pelear en un lugar público está penado! ¿Acaso quieren terminar en una jaula?Obligados a regresar a su forma humana, Gideon y Liam se quedaron de pie, con la respiración entrecortada
Bloqueé los intentos de conexión de Gideon y me concentré en el camino.Cuando llegué al restaurante, mi corazón ya estaba calmado. Era un lugar elegante y exclusivo. Solo los miembros de alta jerarquía podían reservar una mesa. Un mesero me guio hacia el salón privado. En cuanto abrió la puerta, vi a Liam.En persona imponía aún más. Alto, de hombros anchos, con una mandíbula marcada y unos ojos grises penetrantes. Proyectaba la clase de fuerza que inspiraba confianza.—¿Thalia? —Se puso de pie. Su voz sonó grave y cálida—. Soy Liam.—Hola. —Le tendí la mano.Me devolvió un apretón firme. Seguro de sí mismo.—Toma asiento, por favor. —Movió mi silla con la cortesía propia de un Alfa.En cuanto nos acomodamos, sacó una cajita muy elegante del bolsillo de su saco.—Un pequeño detalle por nuestro primer encuentro.Abrí la tapa y una exhalación de sorpresa se me escapó de los labios.Adentro había una piedra lunar con la silueta de un lobo labrada a la perfección. Los trazos era
Le sostuve la mirada a Aveline con frialdad.—Tienes razón, Aveline —concedí, manteniendo la voz impasible—. Gideon me desea. ¿Y qué? Entre nosotros no hay nada más que un simple cariño familiar. Eso es todo.Aveline abrió los ojos de par en par, descolocada por mi franqueza.—Si tanta confianza tienes en tu linaje, ve y reclámalo tú misma —continué, cansada de su estúpido drama—. Deja de perder el tiempo conmigo.Caminé hacia la puerta y la abrí con violencia.—¡Vete! —ordené.No se molestó en ocultar su furia. Arrebató la caja con la piedra lunar del tocador y me lanzó una mirada asesina.—Te vas a arrepentir de esto, Thalia —siseó.Salió de mi habitación dando pisotones. Sus tacones repiquetearon por el suelo del pasillo.Apenas la puerta se cerró de un portazo, mi cuerpo cedió. Me dejé caer al borde de la cama con las manos temblorosas.El recuerdo de mi vida pasada me golpeó de nuevo.Habían pasado tres meses desde nuestra ceremonia de emparejamiento. Aveline me buscó a
Ronan apareció a nuestras espaldas. Me di la vuelta y esbocé una sonrisa fingida.—Tranquilo, Gideon solo me pedía ideas —aclaré. Relajé los hombros y aligeré la voz para borrar cualquier rastro de tensión—. Busca un regalo de ceremonia para Aveline, así que me tomó por sorpresa. Aseguró que no me dejaría ir hasta que le diera una respuesta útil.Gideon me lanzó una advertencia con la mirada. Hundió los dedos en mi brazo con la fuerza suficiente para callarme.—Thalia, tú...—Si el regalo es para Aveline, ¿por qué no se lo preguntas a ella? —lo cortó Ronan. Mi hermano ladeó la cabeza, evaluándolo con una calma engañosa—. ¿Por qué se lo pides a mi hermana? —Dejó la pregunta suspendida en el aire—. A menos que el dichoso regalo sea, en realidad, para ella.La sangre le tiñó las mejillas a Gideon, avergonzado. Abrió la boca para defenderse, pero las palabras se le atoraron en la garganta.Aproveché su distracción para zafarme de su agarre y retrocedí un par de pasos torpes para marc
El rugido de Gideon silenció el claro por completo. La manada entera nos miró, sorprendida.Ronan, escandalizado, dio un paso al frente.—Gideon, ¿qué acabas de decir? ¿Thalia es tu qué? —exigió saber mi hermano.El corazón me golpeó las costillas. Por un momento, la adrenalina me nubló el juicio. Pero la rigidez en el rostro de Gideon me devolvió a la realidad. Él no lo había gritado por amor. Si de verdad hubiera querido reclamarme, lo habría hecho hace de cinco años, no haciendo un berrinche.Dejé escapar una risita para restarle importancia al asunto.—No le hagas caso, hermano —intervine—. Gideon está borracho. Ya sabes cómo le gusta bromear conmigo para espantar a mis pretendientes.Solté las palabras sin peso, disfrazando mis intenciones como un juego amistoso, aunque los dedos me temblaban alrededor del vaso.Gideon me aniquiló con la vista. La indignación le desfiguró el rostro, ofendido por una traición que solo existía en su cabeza. Tomó aire para contraatacar, pero e
En cualquier otro contexto, me hubiera arrodillado ante Gideon para suplicarle que no se vinculara con otra loba. Pero a Ronan se le iluminó el rostro. Me dio una palmada en el hombro y su voz retumbó en la mesa:—¡Thalia, hasta que por fin entras en razón! Tú solo di cuándo estés preparada y, desp
La respiración de Gideon se atascó en su garganta. Un asombro genuino brilló en sus ojos verdes. Estaba acostumbrado a mi sumisión. Yo nunca había soportado una de sus crueles bromas con tanta calma durante los cinco años que estuve con él. Cada vez que me ordenaba buscar a otro lobo para hacerme







