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Capítulo 2

ผู้เขียน: Cocojam
Mis palabras frenaron a Gideon. Me miró por encima del hombro. Un destello de furia y desconcierto cruzó sus ojos verdes antes de que se tragara su orgullo y sacara a Aveline del salón.

En el instante en que se fue, comenzaron los susurros.

—¿Ves a la hembra que está con el Beta? —cuchicheó una mujer cerca de mi posición—. Es Aveline, dicen que ella lo salvó.

—¡Es esa loba! —confirmó su acompañante—. Se interpuso entre él y una bala de plata. Casi se muere. El efecto de la plata la dejó medio loca y su loba quedó inestable.

—Una deuda así te marca para siempre —comentó un hombre a mis espaldas—. Yo haría lo mismo.

—Más que marcar, encadena —replicó otro—. Si terminan completando el vínculo, al menos la deuda quedará saldada.

Aquellas palabras fueron dagas afiladas que se clavaron en mi corazón. Así que, para la manada, yo era un simple secreto. Y para Gideon, la intrusa que estorbaba a su "pareja elegida".

Me acabé el champán de un trago. Dejé que el ardor me raspara la garganta para intentar aplacar la opresión en el pecho que me asfixiaba.

Al terminar el festival, Gideon no me buscó a través de nuestro enlace. Era la primera vez que pasaba y aquel vacío resultaba revelador. Él solía contactarme nada más separarnos, dispuesto a amenazar a cualquiera que me hubiera ofendido. Pero esa noche no hubo más que silencio. En mi habitación, sentada en el borde de la cama, miré el teléfono apagado mientras el vacío me devoraba el alma.

Como a eso de la medianoche, revisé su perfil en las redes sociales. Acababa de actualizar su muro con una fotografía. Lo que vi me impactó: Aveline dormía recostada sobre su hombro. Tenía la mejilla pegada a su torso y los labios entreabiertos, ajena al mundo bajo su protección.

La descripción era una maldita palabra: «Ella».

Los comentarios de la manada inundaron la pantalla al instante.

«¡Tal para cual!»

«¡Felicidades, Beta!»

El tiempo se detuvo. Me puse pálida en el acto. Los nudillos se me agarrotaron hasta que el teléfono resbaló y cayó sobre la colcha.

Cinco años... Cinco miserables años en los que su vida pública fue un páramo donde yo no existía. Jamás quiso publicar una foto conmigo. Pero Aveline apareció de la nada y ahora él se apresuró a presumir delante de la manada.

Pulsé el corazón de la pantalla con el dedo entumecido. Una acción patética para digerir la humillación.

Deslicé el dedo para actualizar el muro. La foto ya no estaba. La eliminó.

Que la borrara resultó ser cien veces más ridículo que la foto. Le cumplía el capricho a su salvadora, pero eliminaba las pruebas por miedo a que yo le enseñara los colmillos y armara un escándalo. Quería conservar a sus dos juguetes.

De pronto, la pantalla se iluminó con un mensaje de esa loba.

Aveline: Gideon me trajo a casa y me quedé dormida sobre él. Me confesó que mi aroma calma a su lobo, así que se queda a dormir conmigo. No te incomoda, ¿verdad, Thalia?.

Me quedé mirando las palabras mientras la habitación daba vueltas a mi alrededor. ¿Su aroma lo tranquilizaba? ¿Y dónde quedaban todas esas madrugadas que me pasé tranquilizando a su lobo a través del enlace? ¿Para qué sirvió todo lo que hice por él?

Respondí con un seco: «Ok».

Como si estuvieran coordinados, el teléfono me notificó un nuevo mensaje. Ahora, era el descarado.

Gideon: Al parecer, Aveline perdió su piedra lunar y su loba se está descontrolando. Necesito que me devuelvas el collar de obsidiana que te regalé. Es lo único que puede estabilizarla ahora mismo. No voy a arriesgarme a que pierda la cabeza, Thalia.

Parpadeé, incrédula ante el espectáculo de esos dos.

Ese collar de obsidiana me lo había regalado cuando cumplí los dieciocho años. Me explicó que era una piedra guardiana, destinada a mantenerme a salvo de mis pesadillas. Desde ese entonces, lo guardé como un tesoro durante cinco años, sin atreverme a ponérmelo ni una sola vez.

¿Y ahora esperaba que le entregara a otra mujer el escudo que una vez me prometió a mí?

Me quedé viendo la pantalla durante un largo rato, hasta que la vista me ardió, pero no dejé caer ni una sola lágrima. Mi corazón dejó de sentir. Una muerte silenciosa afloró en mi pecho. Luego, apagué el celular. Tomé la decisión de no responderle.

Al día siguiente, justo a las diez en punto de la mañana, Gideon cruzó los terrenos de la finca del Alfa. Aveline venía pegada a su lado, y traían los brazos llenos de ofrendas.

Gideon era huérfano. Sus padres, la última pareja de Betas, cayeron defendiendo a la manada en una guerra territorial. Mis padres lo adoptaron como sangre de su sangre y lo criaron como uno más en el linaje. Por ley, debía acudir a presentar sus respetos a los exlíderes y actuales ancianos tras el Solsticio de Invierno.

Pero llevar a Aveline a ese rito cambiaba todas las reglas de la noche a la mañana.

Mis padres los recibieron con los brazos abiertos, asumiendo de inmediato que ella era su pareja elegida.

—Aveline, sigues igual de preciosa. —Mi madre le tomó las manos—. Estábamos muy angustiados por ti. Qué bueno que regresaste.

—Gracias, Luna —respondió Aveline con una dulce sonrisa—. Estoy muy feliz de regresar a la manada.

Con unas cuantas adulaciones tuvo a los ancianos comiendo de su mano. Yo me mantuve al margen, aferrada a la cortesía estricta de mi rol como hermana del Alfa.

—Beta Gideon, señorita Aveline, tomen asiento, por favor —invité.

Mi formalidad cayó como un látigo sobre Gideon. Su mirada se ensombreció y su voz áspera retumbó dentro de mi cabeza a través del enlace:

«¿Cuál es tu problema?».

Lo bloqueé.

Durante el almuerzo, Gideon se empeñó en ocupar la silla a mi lado. Ese era el lugar de mi hermano. Ronan lo miró de arriba abajo, luego señaló el asiento vacío junto a Aveline y arqueó una ceja.

—Gideon, tu lugar está allá —aclaró.

Gideon se negó a ceder.

—Quiero sentarme aquí —desafió el Beta.

Un silencio tenso interrumpió la rutina del comedor. Tras un intercambio de miradas amenazantes, Gideon retrocedió doblegado por el aura del Alfa y rodeó la mesa para sentarse frente a mí. Clavó la vista en mi plato vacío, tensando los músculos de la cara.

—Thalia, ¿por qué no estás comiendo? —me preguntó.

Ni lo vi. Lo traté como si fuera invisible.

Mi madre rompió el hielo con el peor tema posible.

—Thalia, toma ejemplo de Gideon. Pronto va a completar el vínculo con su hembra. ¿Y ahora qué harás? ¿Quién va a completar un vínculo contigo?

Antes, habría escondido la cara y desviado el tema. Ese día, en cambio, solté mi respuesta como un zarpazo:

—Si tú o Ronan conocen a alguien que valga la pena, preséntenmelo. Incluso un Alfa de una manada aliada sería una buena idea.

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