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Rechazada por el Beta, Amada por el Alfa
Rechazada por el Beta, Amada por el Alfa
Author: Cocojam

Capítulo 1

Author: Cocojam
La respiración de Gideon se atascó en su garganta. Un asombro genuino brilló en sus ojos verdes. Estaba acostumbrado a mi sumisión.

Yo nunca había soportado una de sus crueles bromas con tanta calma durante los cinco años que estuve con él. Cada vez que me ordenaba buscar a otro lobo para hacerme sufrir, mi mundo se desmoronaba. Mis ojos se enrojecían y trataba de callarlo con lágrimas y besos. Solo entonces, satisfecho al ver mi desesperación, él se ablandaba, me abrazaba con fuerza y me consolaba.

—Shh, no llores. Solo bromeaba —decía.

Pero ahora era distinto. La sonrisa maliciosa se esfumó de su rostro. Me estudió con una mirada inquisitiva, ofendido por no rogarle que me marcara.

—Thalia, ¿tienes idea de lo que estás diciendo? —Avanzó un paso.

Su presencia resultaba abrumadora, agresiva. Creía que, con intimidarme, podía obligarme a ser la loba sumisa de antes, la que siempre le suplicaba. Le sostuve la mirada con una sonrisa cortés y retrocedí un poco para marcar una distancia necesaria entre los dos.

—Claro, me dijiste que buscara a otro para la ceremonia de emparejamiento —respondí con indiferencia.

El trauma de mi vida pasada aún ardía en mi memoria: yo, agonizando en la camilla tras dar a luz, con las sábanas empapadas de sangre, mientras él pelaba una manzana para Aveline en una camilla vecina. Su descaro mató mi corazón.

Mi loba gimió al revivir la traición, pero mi decisión era inquebrantable. Iba a dejarlo ir. Esta vez mataría a la ingenua Thalia que vivía solo para él.

Gideon frunció el ceño. Él sabía que algo andaba mal. Estiró la mano para acariciar mi mejilla, su truco habitual para calmarme. En ese instante, no muy lejos de nosotros, estalló un alboroto.

El ruido agudo de una copa de cristal al estrellarse en el piso resonó por el salón. Una figura vestida de blanco salió corriendo de la pista de baile, con el rostro oculto entre las manos. Era Aveline. Su drama acaparó la atención de todos.

Mi hermano Ronan se acercó con una copa de champán en la mano y le dio un codazo a Gideon.

—¿Esa no es Aveline? ¿Por qué la invitaste al Festival del Solsticio? —Los ojos dorados de mi hermano brillaron con curiosidad—. Se ve destrozada. Apuesto a que es por tu culpa.

El hermoso rostro de Gideon se tensó. Sus ojos alternaban entre la puerta y yo. Vi el conflicto en su mirada: la necesidad desesperada de darme explicaciones chocaba contra sus ganas de salir corriendo tras ella. El instinto protector ganó.

—Lo siento. Tengo que ir a ver cómo está —se excusó.

Antes de irse me dirigió una mirada profunda que me rompió el corazón. Sus ojos parecían suplicar: «No hagas un escándalo. Espérame». Acto seguido, dio media vuelta y salió a zancadas sin mirar atrás. Agucé el oído y capté su voz desde el pasillo. Su tono tranquilizador era el mismo que usaba para todo el mundo.

—No llores. ¿Qué pasa? ¿Quién te hizo daño? Shh, ya estoy aquí. Nadie te va a tocar.

Él siempre me susurraba esas palabras cuando lloraba en las noches. Esa ternura no era especial, pues se trataba de una simple actuación que podía hacer con cualquiera.

El pecho se me contrajo y un dolor agudo en las entrañas me dificultó respirar. Aun así, obligué a mis labios a formar una sonrisa. Entonces, erguí la espalda y caminez hacia la mesa del bufé. Corté un trozo de cordero asado a la perfección y me lo llevé a la boca. Me supo a cenizas.

Esta vez no usé nuestro enlace mental para calmar su corazón agitado. Había sido mi costumbre durante los cinco años a su lado. En todo ese tiempo, él nunca me quiso reconocer como su compañera ante la manada. Siempre afirmaba que yo solo era una hermanita menor a la que debía cuidar. Incluso cuando Ronan bromeaba con nosotros, él le restaba importancia con una risa evasiva.

Ronan se acercó a mi lado con una sonrisa burlona.

—¿No vas a ir tras él? Más te vale tener cuidado. Otra loba podría arrebatártelo.

Detuve la mano a mitad del corte. Por un segundo, el tenedor y el cuchillo casi se me resbalan de los dedos. No pude impedir que me temblaran.

—Él es el Beta de la manada y yo solo soy su hermanita menor, ¿lo olvidas? Lo que haga no es asunto mío.

Ronan se quedó paralizado. Sus ojos dorados, tan parecidos a los míos, intentaron descifrarme. Levanté la copa y, con una compostura perfecta, forcé los labios para fingir una sonrisa.

—Por el Solsticio, hermano —brindé.

La verdad era que las Omegas no solían recibir invitaciones a los eventos de alto nivel. Aveline estaba allí porque Gideon la había invitado en persona. Nosotros íbamos a anunciar nuestra ceremonia de emparejamiento esta noche. En mi vida pasada, yo había armado un berrinche enorme ahogado en lágrimas por esta clase de desplantes. Ahora, con una puñalada retorciéndose en mi estómago, me negué a soltar una sola síba para pedirle que se quedara.

Quince minutos después, regresaron. Aveline venía pegada al costado de Gideon. Aún tenía los ojos hinchados, pero mostraba con descaro una mueca de satisfacción en los labios. Estaba envuelta en el aroma protector de Gideon. Mi loba lloró por lo bajo y se hizo un ovillo para gemir en silencio. Los ojos de Gideon me buscaron de inmediato. Me vio de pie junto a la mesa, con mi fachada elegante, y sus hombros se relajaron por completo. Esa mirada de alivio fue una aguja envenenada directo a mi corazón. Él actuaba como si pudiera hacer lo que le diera la gana, seguro de que yo seguiría ahí, a la espera.

—¿No estaba en algún retiro de sanación? —Ronan acorraló a Gideon con un tono cargado de burla—. ¿Ahora regresa y de pronto estás pegado a su cadera? ¿Planeas ofrecerte como pago? ¿Completarás el vínculo con ella para saldar esa deuda de vida?

Gideon me lanzó una mirada empañada de pánico.

—No bromees con eso, Alfa —dijo con seriedad.

Y aun así, no apartó a Aveline. Ella se acurrucó contra él, ocupando el espacio que solía ser mío. Mi decisión de dejarlo ir era firme, pero el dolor punzante en el pecho casi me hizo perder la componura. Me aferré a los últimos restos de mi dignidad y tiré del brazo de mi hermano con actitud desenfadada.

—Bueno —empecé a decir—, si Gideon quiere completar el vínculo con su compañera predestinada, no deberíamos molestarlos. Tu Beta necesita su espacio y un Alfa no debería involucrarse demasiado. Ya sabes.

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