Cuando llegué a casa, no encendí las luces. Solo me senté en el sofá y me quedé mirando el techo, perdida en mis pensamientos.Los recuerdos comenzaron a inundarme.Cuando empecé a salir con Giovanni, nunca le importó mi dislexia. En cada San Valentín me escribía una carta de amor a mano. Como sabía que no podía leerla, me la leía línea por línea bajo las estrellas.Una vez me dijo: "Chiara Faraci, a tu mundo le falta una ventana, pero yo seré tu luz".Después de casarnos, etiquetó todas las botellas de la casa con colores. Rojo para los condimentos. Azul para los productos de limpieza. Verde para las medicinas. Incluso sin leer las etiquetas, nunca me equivocaba.Luego nació Luigi.Cada noche, Giovanni lo sentaba junto a mí, abría un cuento ilustrado y lo leía en voz alta. Parecía que se lo estaba leyendo a Luigi, pero yo sabía que también lo hacía por mí.Recuerdo que una vez le dijo: "Luigi, quizá tu Mamma no pueda leer las palabras, pero entiende con el corazón. Es más lista
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