—¿Siempre haces lo que quieres? —preguntó Nikolai, claramente molesto.Estaba sentado a su lado en la parte trasera de la SUV blindada, con los brazos cruzados y la mandíbula tensa. A través de los lentes de sol oscuros, Alma podía sentir la mirada pesada que le dedicaba. Ella, en cambio, se limitó a alzar los hombros con calma, como si no acabara de cruzar medio continente sin su permiso.—Llevas una semana intentando cerrar este negocio y siempre es la misma traba —respondió con naturalidad—. Te extraño, cariño.Nikolai soltó un gruñido bajo, frustrado.—Viniste aquí, al peligro, Alma. Te dije que te quedaras en casa.Ella giró el rostro hacia él, sosteniendo su mirada sin parpadear.—Siempre te he dicho que no soy uno de tus hombres, Nikolai.El silencio dentro del vehículo se volvió denso. El conductor y el escolta del asiento delantero fingían no escuchar nada, concentrados en el tráfico de Atenas. Nikolai se quitó los lentes de sol y se los guardó en el bolsillo interno de la ch
Zuletzt aktualisiert : 2026-08-06 Mehr lesen