Sofía regresó a la mansión Montes cuando su suegra, Inés Fuentes, estaba arreglando flores en la sala.Sofía se detuvo en la entrada, se cambió los zapatos y saludó en voz baja: —Mamá.—Vaya, qué visita inesperada —dijo Inés sin levantar la cabeza—. ¿Y hoy qué milagro te vemos por la mansión Montes? ¿No que andabas bien ocupada con los asuntos de tu tío?—Leo me pidió que viniera a recoger unas cosas. —respondió Sofía, tragándose la molestia.Inés finalmente alzó los párpados y la examinó de pies a cabeza, su mirada recorrió su vestido descolorido por el lavado y su rostro sin maquillaje, dibujando una mueca de desprecio en sus labios. —Leo te mandó a pedir prestadas joyas, ¿verdad?Sofía siempre supo que Inés la despreciaba. Que venía de una familia humilde, que no merecía a Leonardo, que no estaba a la altura de la distinguida familia Montes.—Las joyas están en la caja fuerte. Ven conmigo. —Inés dejó las tijeras, se limpió las manos con un pañuelo y, con parsimonia, se levantó y sub
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