La noche había pasado, pero Maia apenas había dormido. Seguía sentada frente a la ventana. La nieve continuaba cayendo sobre la montaña, cubriendo los árboles y los senderos que se perdían entre la oscuridad. Pero Maia ya no miraba el paisaje. Solo podía pensar en aquella imagen. La mujer frente a la puerta de piedra. La sensación que había experimentado al verla. Y aquella palabra que había escapado de sus labios antes de poder detenerla. —Mamá... Maia cerró los ojos. Intentó recordar su rostro. No podía. Solo tenía fragmentos. Una silueta. Unos ojos. La puerta. Y una sensación extraña de seguridad. Como si, en algún lugar de su memoria, ya conociera aquel lugar. Llevó una mano hasta su cuello, ya se le volvio costumbre, ahora ya no hay rastros de aquella marca, como si nunca hubiera existido. —¿Eres tú? Durante unos segundos no ocurrió nada. Entonces sintió aquella presencia dentro de ella. Su loba. Más despierta que nunca. Más cercana
Last Updated : 2026-09-24 Read more