Yo estaba al borde del llanto.—¿Y ahora qué hacemos?Tomás dijo:—Solo podemos pedirle que nos ayude a subir al señor al auto y luego lo lleve a casa. ¿Sabe manejar?—Más o menos.Yo seguía sin creérmelo del todo.—¿Ustedes dos no me estarán haciendo una broma? ¿Por qué solo yo puedo acercarme a él? ¿Ni sus papás pueden?Tomás respondió:—Los padres del señor murieron hace mucho. Su único familiar es su abuelo, pero él tampoco puede acercarse al señor cuando está borracho.Esto sí era cosa de locos.No me quedó de otra que hacer fuerza yo sola para meter al auto a ese hombre enorme, que medía 1,85 metros, y encima manejar hasta su casa.Después, Tomás me agregó a WhatsApp, diciendo que tal vez más adelante volverían a necesitarme.—Ni lo sueñes. ¡Lárgate!Tomás me transfirió mil dólares.De inmediato se me dibujó una sonrisa amable.—Bueno, eso cambia las cosas. Llámame cuando quieras, sin pena. Pero, de ahora en adelante, esta es la tarifa.***Unos meses después, una noche, Tomás me
Read more