Share

Capítulo 3

Author: Mónica Herrera
Yo estaba al borde del llanto.

—¿Y ahora qué hacemos?

Tomás dijo:

—Solo podemos pedirle que nos ayude a subir al señor al auto y luego lo lleve a casa. ¿Sabe manejar?

—Más o menos.

Yo seguía sin creérmelo del todo.

—¿Ustedes dos no me estarán haciendo una broma? ¿Por qué solo yo puedo acercarme a él? ¿Ni sus papás pueden?

Tomás respondió:

—Los padres del señor murieron hace mucho. Su único familiar es su abuelo, pero él tampoco puede acercarse al señor cuando está borracho.

Esto sí era cosa de locos.

No me quedó de otra que hacer fuerza yo sola para meter al auto a ese hombre enorme, que medía 1,85 metros, y encima manejar hasta su casa.

Después, Tomás me agregó a WhatsApp, diciendo que tal vez más adelante volverían a necesitarme.

—Ni lo sueñes. ¡Lárgate!

Tomás me transfirió mil dólares.

De inmediato se me dibujó una sonrisa amable.

—Bueno, eso cambia las cosas. Llámame cuando quieras, sin pena. Pero, de ahora en adelante, esta es la tarifa.

***

Unos meses después, una noche, Tomás me transfirió mil dólares de golpe.

"Señorita Romero, necesitamos que nos saque de un apuro. Por favor, venga cuanto antes. Ya le mandé la ubicación."

Fui a la ubicación que me mandó y llegué al club privado más lujoso de la ciudad.

Al abrir la puerta del salón privado, encontré a varias personas influyentes que solo había visto en televisión tiradas por el suelo, hechas un desastre.

Después llegaron las ambulancias y se los llevaron a todos al hospital.

Tomás se encargó de pagar compensaciones, calmar a las familias afectadas y evitar que el asunto llegara a los medios.

Al final, en el salón privado solo quedó Felipe, con una navaja plegable en la mano, arrinconado, borracho pero alerta a todo lo que se moviera a su alrededor.

Para ser sincera, al verlo con los ojos rojos y cara de querer acabar con cualquiera que se le cruzara, yo tampoco me atrevía a acercarme.

Me temblaban tanto las piernas que enseguida devolví el dinero.

—No. Yo no puedo con esto.

Tomás me transfirió diez mil dólares de inmediato y dijo:

—Entiendo. Esto ya es otra tarifa. Hay que pagar más, ¿no?

Ese no era el problema.

Pero eran diez mil dólares. Yo solo era una oficinista explotada. ¿Cómo iba a resistirme a la tentación de semejante cantidad de dinero?

Así que, con todo el miedo del mundo, caminé hasta él.

Le di unas palmaditas en el hombro con muchísimo cuidado.

—No me mates. Baja la navaja, por favor.

De verdad no esperaba que fuera tan obediente.

Me miró un buen rato con los ojos nublados por el alcohol y luego guardó la navaja plegable.

Enseguida, su cuerpo se tambaleó y se desplomó encima de mí.

Era pesadísimo. Perdí el equilibrio y caímos juntos al suelo.

Por suerte, justo antes de tocar el piso, él giró de pronto y me sirvió de colchón humano.

Yo caí con todo mi peso encima de él.

***

A la mañana siguiente, en la entrada de la mansión, yo esperaba dentro del auto para que Tomás me llevara de vuelta. Afuera, cuando Felipe ya estaba sobrio, Tomás no paraba de explicarle cosas.

También le mostraba videos en el celular.

Parecía que le estaba enseñando las grabaciones de las veces anteriores en las que yo los había sacado del apuro.

Abrí un poquito la ventana del auto y alcancé a oír vagamente a Tomás decir:

—Así están las cosas. Aquella noche solo alcancé a explicarle una parte. Todavía no he logrado averiguar qué conexión había antes entre usted y la señorita Romero. Tampoco entiendo por qué, cuando pierde la lucidez pero se le dispara el instinto de defensa, puede confiar tanto en ella. Pensaba informarle cuando ya tuviera todo claro.

Un rato después, Felipe abrió la puerta y entró al auto.

Yo fingí de inmediato que no había estado escuchando y me hice la que jugaba con mi celular.

La verdad, durante estos meses yo también me había roto la cabeza cientos de veces.

Pero no lograba recordar ningún cruce previo entre Felipe y yo.

Él era el heredero más codiciado de la ciudad, nacido en una familia poderosa y dueño de una fortuna enorme.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • El Borracho que Me Hizo Su Reina   Capítulo 13

    ¿Este hombre ignoró mi advertencia?Me subí al Maserati que Felipe me había comprado y salí disparada. Al llegar, me di cuenta de que era el mismo bar donde al principio le pedí a Felipe que me sacara del apuro.La primera vez, él se había negado rotundamente a emborracharse en el bar para no darles a sus amigos la oportunidad de reírse de él. ¿Ahora venía a saldar aquella cuenta pendiente?Me arremangué, feroz como nunca.Ni siquiera había llegado a la puerta cuando vi a varias personas esperándome afuera.Estaban perfectamente alineados y gritaron al mismo tiempo:—¡Llegó Paula!Me detuve y los miré con sospecha.—¿Qué hacen? ¿Por qué tanto show? Esto huele a trampa.—¿Cómo crees? Jamás. Tú eres la única que Felipe tiene en el corazón.—No sabes lo loco que se volvió Felipe cuando lo dejaste y te fuiste sin avisar.Fruncí la nariz, todavía sin confiar del todo.Sentía que algo raro me esperaba adentro.Pero esos amigos de Felipe no se atreverían a meterme en problemas.Avancé con cau

  • El Borracho que Me Hizo Su Reina   Capítulo 12

    Así que no debía desear lo que no me correspondía.Hasta que en redes explotó la noticia de que Felipe se había negado a casarse con Aurora y además le había quitado el poder a su abuelo, don Juan Vargas.En ese momento, la curiosidad me ganó como nunca.Perdí toda dignidad y llamé a Tomás, solo para saber si todavía había algo entre Felipe y Aurora.Hice una mala jugada y perdí toda la partida.Y también perdí el corazón.***—¡Cof, cof!Tomás irrumpió sin ningún tacto y me salvó del desastre.—Señor Vargas, disculpe. Ya trajimos a la señorita Valdez.Al ver a Claudia entrar de mala gana, empujé de inmediato a Felipe.Pero él seguía abrazándome y me mantenía encerrada en sus brazos.Su voz grave sonó con descaro:—¿De qué tienes miedo? No estamos haciendo nada malo.—No soy tan descarada como tú, ¿sí? ¿Para qué la mandaste traer? ¿Para que se burle de mí?Pero Claudia no hizo un escándalo como antes.Se acercó con los ojos rojos y me pidió perdón sin que nadie se lo pidiera.—Paula, l

  • El Borracho que Me Hizo Su Reina   Capítulo 11

    La curiosidad me ganó y contacté a Tomás por mi cuenta."¿Qué pasó? Cuéntame rápido.""Oye, responde. ¿Estás vivo?"Tomás por fin respondió con una sola frase:"Apenas sobreviví."Luego añadió:"Es una larga historia. Contesta la llamada."Hablé con Tomás durante una hora entera, solo para enterarme del chisme más fresco, hasta que alguien abrió la puerta de una patada.Ese cuerpo alto y fuerte, esa cara guapísima.Grité del susto:—¿Hiciste que Tomás hablara conmigo solo para rastrear mi ubicación?Felipe caminó hacia mí a grandes pasos, me cargó de golpe, me apretó contra su pecho y salió conmigo en brazos.—No eres tonta, pero ya es tarde. Te atreviste a irte sin despedirte. Como castigo, tendrás que quedarte a mi lado para siempre.***Volví a su ciudad.Él me encerró otra vez en la mansión.Así que solo pude pedir una mesa llena de comida y, mientras comía, seguí hablando sin parar:—Entonces, ¿dices que tu abuelo y Aurora te engañaron? ¿La chica que no te abandonó en el momento m

  • El Borracho que Me Hizo Su Reina   Capítulo 10

    —Felipe, me voy. De ahora en adelante, no volveremos a vernos. Arréglatelas solo. Cuando yo no esté, no te emborraches.Felipe dormía completamente inconsciente.Cuando despertara al día siguiente y descubriera que yo ya no estaba, ¿sería capaz de buscarme por toda la ciudad?Pero ¿qué estaba pensando? Solo era una empleada. ¿Ahora quería creer que tenía un lugar en el corazón del heredero?Me obligué a no hacerme ilusiones y volví a la habitación de huéspedes para empacar mis cosas.Entonces descubrí que, durante esos tres meses, Felipe me había dado más cosas de las que yo pensaba.Una sola maleta no alcanzaba.Al final, llegué a la sala con tres maletas enormes.Aurora y Claudia estaban sentadas en el sofá, esperando para echarme.Aurora ya no se veía tan débil como la primera vez que la vi. Estaba sentada en el sofá con una postura muy firme.—Paula, gracias por cuidar de Felipe durante este tiempo. Felipe y yo estamos por casarnos. Al principio, quería invitarte a la boda, pero do

  • El Borracho que Me Hizo Su Reina   Capítulo 9

    Ese Felipe, en realidad, también daba un poco de lástima.Las heridas del corazón eran las más difíciles de curar. Cuando yo ya no estuviera, no sabía quién podría llevarlo a casa.¿Y si volvía a emborracharse en la calle y terminaba abrazado a una bicicleta pública como si fuera una almohada?Sentir lástima por un hombre te arruina la vida entera.Esta noche cumplo con este último encargo y me voy.Con un millonario guapísimo que, cuando se emborracha, solo te deja acercarte a él, ¿quién aguanta?La mujer a la que ama ya volvió al país.Yo no podía rebajarme a ser la amante de nadie.***Volvimos en auto a la mansión.Arrastré a Felipe fuera del auto.Él, como un perrito obediente, apoyó la cabeza sobre mi hombro mientras murmuraba que se sentía mal y quería vomitar.—Te lo mereces. ¿Quién te manda a beber tanto?Felipe dijo, borracho:—Quiero recordar.—¿Recordar qué? ¿Esa pesadilla que tú mismo querías olvidar? ¿No te da miedo que te duela más si la recuerdas?Felipe me miró con los

  • El Borracho que Me Hizo Su Reina   Capítulo 8

    —Pero Rubén dijo que, si Felipe no logra ganarle bebiendo, ni hablar.Rodé los ojos y empecé a sospechar:—¿No será que ustedes se pusieron de acuerdo con Rubén para tenderle una trampa y ver si, cuando se emborracha, de verdad solo yo puedo acercarme a él? No lo nieguen. La mala intención se les nota desde lejos. Aquí no se salva nadie.A mi alrededor estallaron las risas, y todos me hicieron una seña de aprobación.—Jajaja, ¿y qué si lo adivinaste? La vez pasada nosotros te transferimos cien dólares y hasta ahora no nos has dado la demostración. Las deudas se pagan. Así son las reglas.Me rendí por completo.—Está bien. De todos modos, siempre me toca cargar con todo.Mejor ni hablemos, porque me dan ganas de llorar.Me di una vuelta por la mesa de comida, arrasé con todo lo que pude y volví ya satisfecha.A menos de cinco metros de Felipe no se acercaba ni una mosca.Todos me miraban con ojos emocionados, esperando que hiciera mi número especial.Pregunté:—¿Quién ganó?Alguien resp

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status