Los días pasaron en una calma tensa y absorbente. Poco a poco, Fiorella había terminado por instalarse de lleno en la mansión Bellamonte, y Jean había pasado de trabajar allí a, prácticamente, vivir en su habitación.El cuarto de Fiore se había ido transformando sin previo aviso: primero apareció una chaqueta colgada en el respaldo de la silla, luego un par de camisas impecables en el clóset, y un buen día su cepillo de dientes eléctrico ocupó el vaso junto al de ella. Los frascos de loción para después de afeitar, las cremas de sándalo y sus perfumes amaderados empezaron a colonizar el lavabo.Una noche, al entrar al baño con una trenza en el cabello, lista para dormir, Fiorella se detuvo frente al espejo, suspiró al ver el frasco de perfume de Jean invadiendo su espacio vital, lo tomó entre las manos y salió a zancadas hacia la cama, donde él estaba recostado revisando su celular.—Oye, anciano... ¿Se puede saber por qué todas tus cosas están en mi baño? —le reclamó agitando el fras
Última atualização : 2026-10-03 Ler mais