Tras decirlo, Beto extendió la mano y sacó el juguetito.—Miren, sigue mojado; está medio pegajoso.No pude evitar apretar las piernas. En cuanto lo sacó, una descarga me recorrió el cuerpo y por poco se me escapó un grito.Pero Beto lo notó. Me señaló y dijo:—Mierda. Está fingiendo. ¡Acaba de mover las piernas!—¿En serio? No asustes. —Los otros tres compañeros de obra se mostraron aterrados; temían que se descubriera lo que estaban haciendo.—Claro que sí. Cuando la tocamos, no reaccionó. Seguro estaba fingiendo; a lo mejor hasta lo estaba disfrutando.***Mientras todos hablaban a la vez, la tensión se volvió insoportable. Eran compañeros de mi esposo. Si pasaba algo, ¿qué le iba a decir? Al final, Beto apretó la mandíbula y azuzó a los demás:—Ya da igual si finge o no. Si finge, entonces quiere; y si en serio está dormida, ni siquiera sabrá que nos la cogimos.Después de escucharlo, los otros tres dieron rienda suelta a sus peores fantasías. Me levantaron la minifalda y mi intimi
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