Los días siguientes Rebeca siguió el ritmo estricto del protocolo médico. Cumplió con las inyecciones hormonales al pie de la letra, con la piel del vientre salpicada por pequeños moretones violáceos. Una tarde, al revisar a Regina, notó a la niña de mejor humor, estable y con mayor energía dentro de todo. Sin embargo, esa aparente calma encendió todas las alertas en la cabeza de Rebeca. En sus madrugadas de insomnio, devoró decenas de testimonios de familiares de pacientes oncológicos en internet. En los foros advirtieron que esas rachas repentinas de bienestar a menudo representaban una señal engañosa, un pico de energía justo antes de empeorar. El pánico le oprimió la garganta; no soportaba la idea de verla sufrir. El terror a perder a Regina era un monstruo que le pisaba los talones a cada segundo, una sombra fría adherida a su espalda. A la mañana siguiente, muy temprano, el timbre anunció una visita por completo desagradable. Al abrir la puerta, Rebeca se topó de frente con l
Última atualização : 2026-10-10 Ler mais