No había pasado ni una hora desde que apagué el teléfono cuando escuché los golpes en la puerta.No eran fuertes. No eran desesperados. Eran firmes, constantes, como alguien que no pensaba irse hasta que le abrieran.Me quedé quieta en el sofá, con la manta todavía sobre los hombros. El bebé se movió, una patada baja, casi de advertencia. Conté hasta diez. Los golpes continuaron.Me levanté. Caminé despacio hasta la puerta y miré por la mirilla. Era Lorenz.Tenía la cabeza gacha, las manos metidas en los bolsillos del pantalón y la misma expresión cerrada de siempre, solo que ahora había algo más. Cansancio. Derrota. Una sombra bajo los ojos que no había estado ahí por la mañana.Abrí la puerta solo un poco.—Te dije que no me hablaras hasta que yo decidiera —dije, la voz todavía fría.Él levantó la mirada. Sus ojos oscuros me sostuvieron sin parpadear.—Lo sé. Pero no puedo. No esta noche. Déjame entrar cinco minutos, Elara. Solo cinco. Si después quieres que me vaya, me voy. Te lo j
Última actualización : 2026-09-29 Leer más