Las ráfagas de disparos golpearon con violencia las gruesas paredes de concreto del almacén abandonado. El eco seco retorció el aire en el interior, haciendo vibrar las columnas de soporte y levantando una densa nube de polvo acumulado que flotaba bajo los reflectores. El ruido exterior era ensordecedor, una tormenta de plomo que no daba tregua.Samuel, el vicepresidente, dio un traspié hacia atrás, tropezando con una tarima de madera. Tenía el rostro completamente pálido, desprovisto de cualquier rastro de color, y los ojos desorbitados por un terror absoluto. Las manos le temblaban de forma descontrolada, al punto de que no podía mantener los dedos quietos, respirando de manera agitada y superficial, perdiendo los estribos por completo frente a la catástrofe inminente.—¡Nos van a matar! ¡Están aquí! ¡Te dije que esto era una locura, Soria, te lo advertí! —gritó Samuel con una voz aguda, al borde de la histeria, manoteando en el aire sin saber a dónde correr ni cómo esconderse en me
Última atualização : 2026-08-27 Ler mais