Con el arma firme en la mano y el cuerpo temblando por el dolor de las costillas destrozadas, Soria se mantenía de pie frente a los restos humeantes del vehículo, con la mirada inyectada en sangre y la frente abierta chorreando la sangre que le teñía la mitad de la cara.Vega no retrocedió ni un solo milímetro. Tenía los pies plantados con fuerza sobre el lodo del barranco, los puños cerrados con tanta presión que las palmas le dolían, y una frialdad absoluta en la mirada que desafiaba cualquier instinto de supervivencia.—Hasta aquí llegaste, maldito infeliz. ¡Un paso más y no lo cuentas! —escupió Soria, con la voz rota por el esfuerzo y el odio acumulado, apuntando directamente al centro de su pecho.Vega soltó una exhalación pesada, con el pecho subiendo y bajando al ritmo acelerado de la adrenalina.—Dale, dispara —le retó Vega con una seguridad implacable, sin apartar los ojos de la boca del cañón—. Pero que te quede claro que tú tampoco sales vivo de aquí. Tienes los segundos co
Última actualización : 2026-09-01 Leer más