El portón de hierro fundido de la residencia en la costa norte de Nápoles se cerró tras la camioneta blindada con un estruendo seco, metálico, que retumbó en las paredes.El refugio, una villa fortificada con vista al Tirreno, olía a sal y a la frialdad de la piedra.Valerio bajó del vehículo a tropicones, rehusando la ayuda del jefe de seguridad. La camisa negra, empapada en sangre a la altura del trapecio, se pegaba a su piel como una segunda capa de dolor.Fiorella bajó tras él, apretando el teléfono barato contra su pecho. La pantalla aún conservaba la luz tenue con la imagen del supuesto informe médico que acababa de pulverizar el frágil puente tendido entre ellos.— Entre a la residencia, señorita Salvatici. La propiedad está rodeada por hombres de la firma — indicó el escolta, manteniendo la vista en el perímetro.Fiorella no escuchó al guardia. Sus ojos verdes estaban clavados en la espalda de Valerio, que avanzaba a paso firme hacia el ves
Última actualización : 2026-09-16 Leer más