Valerio le extendió la mano derecha. Gio no la tomó, lo agarró por la nuca y lo jaló hacia un abrazo brusco, viril, cargado de un respeto absoluto, abrazandolo con fuerza y hermandad, en un gesto honesto que le sacó las lágrimas a Valerio.Podía sumar un nuevo amigo real a su pequeña lista.— Cuida a Valeria, siciliano, y ese bebé que viene en camino — le dijo Valerio al oído, dándole dos palmaditas pesadas en la espalda — ¡Va a ser mi sobrino favorito! — Le dijo, adjudicándose la potestad de ser el tio de la criatura.— Cuida a la reina de Nápoles, Vitale — respondió Gio, mirándolo a los ojos — O, por la Madonna, que te quemo la flota entera — soltando una carcajada.Una hora después, la marea de invitados se había trasladado a los salones privados del Palazzo de Comercio. Lejos de la
Zuletzt aktualisiert : 2026-09-26 Mehr lesen